Recuerdo y presente del joven Alexei Jaccard, detenido desaparecido suizo-chileno

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UNO DE AQUELLOS HEROES CHILENOS OLVIDADOS EN LAS PÁGINAS DE LA HISTORIA OFICIAL

Por Paulina Jaccard nacida Veloso, esposa de Alexei Jaccard, Santiago (Chile)

El 17 de mayo de 1977, hace ya 36 años, el joven estudiante chileno – suizo, Alexei Jaccard, fue detenido en Buenos Aires por la policía, en una operación conjunta de las policías argentina y chilena, permaneciendo desde entonces desaparecido. En el mismo momento y ciudad, se detenía a otros chilenos militantes, poniendo de esta forma un trágico punto final a un nuevo intento de articulación política de la resistencia comunista a la dictadura de Pinochet. Alexei, era así una nueva víctima de la coordinación de las policías del cono sur de América, a la que se le llamó Operación Cóndor. Alexei tenía entonces 25 años, se había casado hacía un año, en febrero de 1976; y estudiaba en la Universidad de Ginebra.

Vino a Suiza, en 1974, porque era el país de su abuelo; y en Chile, después de haber sido detenido inmediatamente después del golpe militar de Pinochet, y ser dejado en libertad dos meses más tarde, su familia pensó que el retorno a la patria de los ancestros, en esa etapa juvenil de la vida, le permitiría formarse y escapar de la fuerte represión del gobierno contra los partidarios del gobierno de Salvador Allende. De allí que estaba instalado en Ginebra. Sin embargo, Alexei siguió ligado al Partido Comunista, el que junto a los demás partidos políticos de izquierda que formaron el gobierno de Allende, se organizaron en el exilio para ayudar a quienes en el país intentaban organizar la resistencia.

Alexei era un joven idealista, muy fuertemente comprometido con las ideas de igualdad y libertad del ser humano; que amaba a Chile; que le gustaba la vida sencilla, cercana a la naturaleza; y se conmovía profundamente con la música y la poesía. Creía que el ser humano tenía el derecho de forjar su destino. Era alegre, conversador y le gustaba compartir los buenos momentos con sus amistades. No tenía precisamente un espíritu de suicida, sin embargo siempre fue una persona valiente y generosa, quizás incluso confiaba demasiado en sus propios recursos de sobrevivencia. Esta breve descripción, de una muy bella persona, en todo su extenso sentido, es la introducción necesaria que explica por qué Alexei, quien gozaba de la tranquila vida de estudiante en la hermosa Ginebra, estuvo dispuesto a participar en una operación peligrosa, en la lucha política clandestina en Chile, que finalmente lo llevaría a su desaparición.

Pero además se requiere entender los contornos de esa lucha política clandestina, y las formas que había adoptado la represión política en Chile para combatirla. En ese entonces, los militantes de los partidos políticos de izquierda intentaban reorganizarse clandestinamente, 354 mantener viva la organización, la estructura partidaria, siendo esa la primera tarea que asumen los partidos políticos en Chile, desde el mismo septiembre de 1973, en un intento por sobrevivir a la represión a efectos de algún día retomar la senda democrática. La actividad en unos inicios era muy limitada; se trataba sobre todo de mantener los contactos, transmitir las primeras opiniones y análisis políticos, en especial, compartir cierta mística, la idea de que a pesar de todo estábamos vivos. La actividad consistía en juntarse en grupos pequeños, analizar el momento político, compartir opiniones; tener nexos con los partidos aliados; mantener la estructura nacional; todo ello en una perspectiva de futura rebelión.

En esa época, quienes participábamos en dichos actos, teníamos una idea de urgencia, de necesidad imperiosa; aunque existía cierta conciencia de nuestras propias limitaciones y claramente masticábamos el peligro. La historia aún no ha reconocido todo el valor y la importancia de aquella primera actividad de organización clandestina, que se lleva a cabo desde el año 1973. Ciertamente, sin esos actos de organización prematuros y gestos de oposición, de aquella primera etapa, no hubiere sido posible la acción posterior que llevó a una organización más numerosa de los pobladores, de las federaciones de estudiantes; de los sindicatos y organizaciones gremiales; y finalmente a la masificación de los actos de protestas, básicamente producidos en la década del 80; todo lo cual es el sustento material que posibilitó la derrota a la dictadura. Hablar de Alexei permite recordar la historia de la dictadura en Chile.

Pero también, y sobre todo, valorar y rendir homenaje a aquellos hombres y mujeres que se arriesgaron y entregaron su vida, con una enorme convicción y coraje, en aquellos primeros tiempos post dictadura, cuando el silencio y el miedo nos acompañaban cotidianamente. El régimen de Pinochet, tenía muy claro que era muy importante eliminar ese trabajo clandestino prematuro a efectos de destruir la posibilidad de organización de aquellos partidos políticos. Por ello, desde temprano, la dictadura militar instaló un sistema de represión selectivo y sistemático, además de cruel. Su propósito declarado era exterminar todas aquellas organizaciones políticas que habían adscrito a la Unidad Popular, así como obviamente eliminar a sus partidarios. Para ello, además de decirlo en su discurso, a veces subliminalmente, otras derechamente hablando de perseguir y exterminar a los “humanoides”; y de esta forma otorgar el sustento ideológico justificativo de la represión, muy rápidamente instalado el gobierno, organizó una policía especial dirigida a esta represión. De manera que, después de las detenciones masivas del año 1973, que permitieron tener el control político de la situación, generar el miedo masivo y la sumisión consecuente en el conjunto de la población; la represión ya desde 1974 se dirigió básicamente a eliminar las personas y desarticular las organizaciones políticas claves que pudieren liderar la oposición y que en esa época intentaban rearmarse.

En ese contexto, la persecución se dirigió en contra de los partidos políticos de izquierda; entre ellos, aquellos con fuertes raíces históricas, los partidos socialista y comunista. En esa persecución atroz, el Partido Comunista perdió casi íntegramente dos directivas nacionales completas. Entre los años 1976 a 1977, fueron detenidos uno a uno los dirigentes, en diversos lugares en que intentaban reunirse clandestinamente; o bien en ciertos casos, en las propias casas en que permanecían escondidos. Todos aquellos dirigentes fueron hechos desaparecer; es decir, después de haber sido detenidos, nunca más se supo de ellos; y ningún organismo estatal reconoció su detención. En pocos casos, aparecieron sus cuerpos. Ahora sabemos que hubo, además, un centro de detenidos de exterminio, destinado sólo a militantes comunistas que participan en esa tarea de organización; el cuartel ubicado en la calle Simón Bolívar, que 355 dirigía el mismo Manuel Contreras, Jefe de la policía secreta, Dina. Allí llegó Alexei, desde Buenos Aires, probablemente el mismo mes de mayo de 1977.

Fue entonces, que en medio del caos interno por la pérdida de las cabezas políticas, desde el exilio, los dirigentes del Partido Comunista programaron la instalación de una nueva directiva que se formaría en Buenos Aires, desde donde se dirigiría el Partido Comunista en Chile. Sin embargo, la instalación de ese equipo fracasó, siendo detenidos y hechos desaparecer todos los que participarían. Alexei tenía misiones específicas y acotadas, traía dinero desde el exterior y debía establecer los nexos entre el exterior y el interior del partido; después debía regresar a Ginebra y, posteriormente, volver a Buenos Aires y así sucesivamente. Fue detenido en Buenos Aires al día siguiente de su llegada, esto es, el 17 de mayo de 1977. Increíblemente, y muestra de la debilidad de la organización, sólo lo supimos el 3 de junio. Desde esa fecha comenzamos una intensa campaña para lograr su liberación. En ese entonces no sabíamos que Alexei devendría en un desaparecido. Teníamos aquella ingenuidad que se produce enfrente de actos que por su extrema crueldad resultan inimaginables. No conocíamos, como lo sabemos hoy día, los alcances de la política represiva de la “desaparición”.

Por muchos años hicimos gestiones políticas y acciones judiciales destinadas a obtener un reconocimiento de la detención de Alexei, pensando que podía ser liberado en algún momento. Desconocíamos que la consigna del exterminio, en verdad, se aplicaba sistemáticamente. En ese contexto, en Suiza, se organizó un grupo de estudiantes, amigos, y profesores de la Universidad de Ginebra quienes protestaron e hicieron cientos de gestiones dirigidas a los gobiernos de Argentina y Chile para obtener la liberación de Alexei.

En esos actos tuvo una participación muy destacada quien era entonces Rector de la Universidad, don Justin Thorens, profesor de derecho quien no podía siquiera imaginar que en pleno siglo XX alguien pudiere ser detenido y su detención jamás ser reconocida por gobierno alguno; y por consiguiente no ser acusado ni juzgado como corresponde en derecho; simplemente volatilizarse. Muchos son los nombres que atesoro en mi memoria de quienes participaron en esos actos, de quienes estoy profundamente agradecida. En particular me emociona recordar a Roland Bersier, abogado de Lausanne quien incluso en uno de sus viajes a Chile fue expulsado desde el mismo aeropuerto. Al mismo tiempo, entablamos recursos de amparo en Buenos Aires y en Santiago, junto a una querella. Todo lo cual fue inútil. Fracasaban así las posibilidades que normalmente otorga el derecho. En verdad, la liberación no era posible, supimos recién ahora, por el curso de la investigación judicial que se lleva en Chile, que Alexei había sido ejecutado, muy probablemente el mismo año 1977, en el cuartel de Simón Bolívar, en Santiago.

Todos aquellos actos y gestos, en diversos contextos y oportunidades, de reclamo por los desaparecidos, de personas de muy distintas opiniones políticas, formuladas a tantos kilómetros de distancia de Chile, los destacamos hoy, no sólo porque tenían el valor de que podían eventualmente permitir salvar una vida entonces, sino que además porque eran y son la muestra más nítida de que el ser humano normalmente se conmueve frente a la injusticia, a la arbitrariedad, la ausencia de libertad y el dolor ajeno. Más aún, resulta destacable, cuando en Chile, los partidarios del gobierno dictatorial mantenían un profundo silencio, en una especie de complicidad con la represión y las muertes. Entonces, esos actos me emocionaban profundamente y me daban una esperanza en la vida y en los seres 356 humanos; y por ello estoy profundamente agradecida. Recuperada la democracia en Chile, continuamos intentando, vía sistema judicial, conocer la verdad de lo ocurrido en la detención de Alexei. Siempre creímos y afirmamos que él debía haber sido traído a Chile, no obstante toda la maraña de versiones y antecedentes que llevaban a la confusión.

Pero, es cierto, no teníamos certeza. Como antes señalé, sólo ahora, por las actuales investigaciones judiciales, sabemos que Alexei fue traído efectivamente a Chile y llevado al cuartel de Simón Bolívar. Por las declaraciones de los agentes de la policía que trabajaron en ese cuartel, ahora interrogados, hemos sabido que Alexei llegó herido y fue atendido por un médico, cuya identidad desconocemos. Llegó junto a otros dos detenidos, a quienes los agentes se refieren como “los húngaros”; la razón, tenían pasaporte húngaro. Probablemente, son los comunistas Ricardo Ramírez y Héctor Alvarez. Los agentes, todos los cuales están procesados, evitan, por cierto, hablar de las torturas. Pero en sus relatos van identificando a Alexei con una serie de datos que lo hacen inconfundible. Afirman que Alexei, a quien identifican como “el noruego”, seguramente confundiendo Noruega con Suiza, traía dinero para el partido comunista, incluso refieren la cantidad de dólares precisa que llevaba consigo. Se recuerdan que Alexei tenía 25 años, que era alto, dicen, medía 1 metro 83 centímetros, y tenía un año de casado. Todo lo cual coincide exactamente con la realidad. Además, una agente recuerda que tenía una nariz muy perfilada. Pero quizás una de las declaraciones más impresionantes para la familia es aquella de una agente que recuerda que Alexei le pidió calcetines porque tenía frío en los pies. Declara que se ella los llevó al día siguiente, sin embargo – agrega -, él ya no estaba en su celda. Según otro agente relata, Alexei fue eliminado con gas.

Cuando leí, en las declaraciones que constanen un expediente judicial, que Alexei había pedido calcetines me produjo una emoción muy profunda. Primero porque ese hecho me llevada a reconocerlo totalmente, Alexei siempre tenía frío en los pies; reconocí sus palabras pidiendo calcetines. Sin embargo, quizás lo más importante es que incluso en aquellas circunstancias de extremo apremio, soledad, y trato cruel, Alexei creyó en la posibilidad de un gesto humano, pedirle a uno de sus carceleros una pequeña ayuda que, además, según nos cuentan, llegó, aunque tarde. Alexei creía infinitamente en la bondad y generosidad espontánea del ser humano. Por ello, en ese momento de crueldad e inhumanidad infinita, Alexei apeló a un simple gesto de solidaridad humana. El recuerdo de los calcetines nos ha traído, otra vez, a Alexei a nuestras vidas presentes.

Llama la atención que a más de 30 años de aquellos hechos, agentes de la policía secreta, se acuerden, por ejemplo, de la nariz perfilada de Alexei. Cómo habrá impactado en las vidas y en los recuerdos de aquellos agentes todos esos tenebrosos momentos, en que ellos fueron los protagonistas activos del exterminio, que los lleve a acordarse del detalle de la nariz de uno de los tantos detenidos que ellos torturaron. En fin, es cierto que estos agentes no declararon espontáneamente. Más bien, mientras no se supo de la existencia de este cuartel secreto, pudieron aparentemente mantener una vida normal, insertos en el Chile cotidiano. Sólo porque uno de los agentes habló ante la policía reconociendo este centro de detención, a comienzos del año 2007, instado por una paciente y permanente investigación judicial y policial sobre todos estos hechos, los agentes de ese centro de exterminio, fueron arrestados y obligados a declarar.

Y fueron uno a uno reconociendo los hechos que ahora hemos ido conociendo. Así se supo que en ese centro de detención se torturó y asesinó a los máximos dirigentes del Partido Comunista; entre otros, a su Secretario General. Esta parte de la vedad 357 que ahora aparece nos muestra la importancia de los procesos judiciales en Chile, aún en curso; y la necesidad que ellos se mantengan hasta que la verdad, cuan completa sea posible, se obtenga. Esperamos que aunque sea por un momento, algunos de esos agentes de la policía secreta de Pinochet, recuperen algo de la humanidad perdida para conocer más detalles de los últimos momentos de la vida de Alexei y las circunstancias precisas de su muerte. Además de la necesidad histórica para Chile de conocer lo ocurrido en ese centro de detención, necesitamos imperiosamente como familia, conocer el detalle de la verdad de lo ocurrido; así como encontrar los restos de Alexei. Esa es parte de la verdad a la que aspiramos, que es por lo demás, aún posible de obtener; y que permite sostener que el problema de los desaparecidos también es un problema del presente.

Fuente: Revista RePenser l’Exil – El otro 11 septiembre in http://www.exil-ciph.com

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